Primavera de 1988
Arenas de San Pedro (Ávila)
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Entrada a la cueva |
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Los tres fotógrafos naturalistas que vivimos la aventura |
Lo que aquí relato podría
definirlo como la aventura más increíble
y alucinante que he vivido en la
naturaleza... y la más oscura y misteriosa, porque aconteció en las
entrañas de la tierra, a la tenue luz de una linterna, entre los serrijones
calizos cercanos a los abulenses lugares
de Ramacastañas y Arenas de San Pedro. No muy lejos se
situaban las famosas y concurridas Cuevas del Águila.
Mayeaba
en 1988 cuando nuestro amigo y fotógrafo José Luis G. Grande nos invitó a que
conociéramos una cueva habitada por “cerca
de 14.000 murciélagos, según me ha comentado un zoólogo que los ha
censado”. La propuesta no podía hacerse esperar.
Un
día caluroso y varios kilómetros de polvoriento camino nos llevó al destino. La
entrada a la cueva en sí, ya era espectacular: verdes hiedras y frondosas madreselvas
y zarzas escondían el tesoro. Y dentro
de la sima, un ambiente húmedo y fosco
escudriñado por las linternas presagiaba algo emocionante. El “viaje al centro de la Tierra ”
fue de pocos metros pero con cierta pendiente, hasta llegar a las oscuras cámaras calizas con el suelo
parcialmente encharcado.
Y
de pronto, el espectáculo. Sobre los empapados techos colgaban miles de
murciélagos de las especies Myotis myotis (murciélago ratonero
grande) y Miniopterus schreibersi (murciélago de cueva o troglodita),
mucho más abundante. Después de varios minutos atónitos, para digerir lo que
estábamos viendo, nos acordamos que teníamos cámaras de fotos. Para enfocar a
los protagonistas no nos quedaba más remedio que utilizar las linternas y acertar con el enfoque manual, los “flasazos” no
fueron muy numerosos, para no alterar en exceso la tranquilidad de los
inquietantes inquilinos. Increíble fue la oportunidad de observar las “guarderías” del murciélago de cueva, donde
cientos de crías desnudas, sin pelos, eran amamantadas por hembras adultas.
Un
de las fotografías tomadas por mi hermano José Luis fue galardonada en el “Concurso
1990 Olympus Internacional Photo Contest” con el Premio al Mérito en la categoría II: Foto Naturaleza.
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Murciélago Ratonero Grande |
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Una parte de la colonia |
Pero
lo más increíble e inolvidable de esta experiencia -y que aún hoy sigo sin
poder explicar- fue comprobar el PERFECTO
(con mayúsculas) sistema de ecolocación
de éstos murciélagos. ¿Cómo fue posible que en algunos momentos miles de ellos
volaran a pocos centímetros de nuestros cuerpos y de nuestras cabezas sin
llegar a rozarnos una sola vez? ¿Cómo fue posible que ni siquiera entre ellos,
volando en el caos se produjera el más mínimo choque accidental?... pero eso
sí, no nos fuimos sin recibir abundantes
evacuaciones sólida y líquidas de nuestro queridos mamíferos voladores.
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Aspecto del autor dentro de la cueva |
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Murciélago de cueva o troglodita |
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Foto premiada (ver texto) |
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Guardería de murciélagos |